vigilar y castigar
soy de esas personas que nunca van a un médico sino son llevados. digamos que si estoy consciente y puedo elegir, jamás visito al médico. como adulto pisé dos veces un consultorio, el hecho que ya conté en bahía y una vez en buenos aires.
eran las 18, la salida del trabajo y me empecé a sentir tan mal que perdí toda mi voluntad y me encontré en un taxi junto al cabezón que me estaba llevando a un hospital. me atendieron bastante rápido, fuimos a la guardia y allí de inmediato me derivaron a urgencias o algo así.
tenía la mítica edad de 33 años y estaba presentando el cuadro de un preinfarto. siempre bromeaba con la idea que no tenía problemas en morirme ese año siempre y cuando no fueran a clavar, pero la verdad es que llegado el supuesto momento no me causaba ninguna gracia.
recuerdo que me inyectaron algo parecido a un valium y mientras esperaba su efecto sentado en la camilla, el médico lanzó su interrogatorio. supongo que las boludeces de costumbre, edad, bla bla bla… y después comenzó a meterse en mi vida personal. aunque me estaba sintiendo mal, la presencia de un “dotorcito” (médico o abogado) siempre me despierta un porcentaje importante de hostilidad.
-dígame, ¿usted fuma?
-sí, a destajo.
-¿toma café?
-sí y para colmo el de carlitos.
el cabezón no aguantó la risa y le explicó al doctor que carlitos es un vendedor ambulante que más que café vende brea derretida y que yo era casi su único cliente… sin hacer comentarios
-¿toma alcohol con frecuencia?
-si.
-¿consume drogas?
-desayuno con medio porro y huevos revueltos: un desayuno jamaiquino -le dije sonriendo. drogas pesadas no consumo desde los 25 años.
con cara de póquer continuó preguntándome:
-¿practica algún tipo de deporte?
-a veces juego ajedrez… pero camino mucho, soy peatón por naturaleza.
-bueno, algo es algo. ¿tiene una vida sexual activa?
-la verdad que sí. (que tiempos aquellos…)
fue justo en ese momento cuando empecé a recordar ese día me encontraba con maría en su casa, la segunda cita. nunca la primera vez, pero en la segunda todo vale…
-¿a que viene tanta inquisición? -retruqué-
sin responderme y haciendo caso omiso siguió preguntando:
-¿tiene algún trastorno para dormir?
-sí. no puedo dormir casi nunca. he llegado a estar cuatro días de insomnio.
-¿cómo dijo?
-que a veces no puedo dormir durante toda la noche y el sueño comienza cuando es la hora de irme al trabajo. entonces lo postergo para la noche siguiente y todo vuelve a empezar. así durante tres o cuatro días, hasta que un día cualquiera me desmayo del sueño y no puedo ir a trabajar, pero como ya le dije no consumo cocaína.
mi amigo escuchaba todo sin pestañear, pero se notaba su preocupacion.
-mire, señor, voy a ser muy claro. el preinfarto no existe. usted tuvo un infarto, que a su edad se potencia el peligro, porque su presión sanguínea es mucho más fuerte que la de un anciano y podría haberse muerto hoy mismo. aquí le dejo una receta de unos bio relajantes en comprimidos que deberá tomar durante una semana. vuelva a verme. escúcheme bien, algo a va tener que dejar. saque un turno cuando salga. lo dejamos descansando, cuando ya se sienta mejor puede irse.
dejó la receta al lado mío, le pidió al cabezón que lo acompañe y se fueron cerrando la puerta muy despacio. le dijo algo que no llegué a escuchar desde adentro. unos minutos después, se me había pasado el mareo y empecé a sentirme mejor. cuando estaba reincorporándome para salir, entró mi compañero y me dijo que esperemos un rato más. estaba aburrido y pensando en otra cosa, no aguantaba más. me levanté y salimos del habitáculo hacia la puerta del hospital.
el cabezón se paró frente a una ventanita donde se pedían los turnos. lo miré y le pregunté:
-¿qué hacés ahí?
-me dijo el doctor que sacáramos un turno para la semana que viene.
-ese tipo no sabe nada.
por las dudas comencé a apurar el paso y cuando llegamos a la salida prendí un cigarrillo y le convidé a mi amigo aun sabiendo que no fumaba. se cagó de risa y me dijo que yo estaba loco mientras le chiflaba a un taxi. en el camino le pregunté qué le había dicho el médico y me respondió:
-nada nuevo. que sos un desastre y que tu actitud no ayuda demasiado.
-quién carajo se cree que es para hacer un juicio de valores acerca de mi forma de vida. Seguramente debe ser un merquero como la mayoría de los médicos. ¿viste cómo le brillaban los ojitos cuando le mencioné la merca?
nos reímos tanto que contagiamos al tachero. mi solidario compañero me ofreció ir a la farmacia donde le hacían descuento por la obra social. le agradecí pero como ya se había hecho tardísimo y el vivía lejos le dije que lo mejor sería dejarlo en la estación del subte y que mañana en todo caso nos hacíamos una escapada. ignoraba por completo que nunca agarré la receta.
eran más de las 20, y aunque vivía muy cerca, tuve que apurarme en la ducha porque a las 21 tenía que estar listo para la cena y el postre en la casa de maría.
♫ joaquín sabina: oiga, doctor!
de todas maneras, debo confesar, que me cagué un poco en las patas y dejé de fumar durante mas de un mes.






























































































26 Noviembre 2005 at 4:57, luzbelita dijo:
bueno bueno
Me sentí realmente identificada con tu relato del autodestructivo, que en mi caso, es algo genético.
Acabo de descubrir tu blog, gracias a la Fulana que te recomienda.
Nada más interesante que un tipo que te acerca las erres arrastradas de Cortázar y la poesía puteada de Bukowsky.
Un gustazo, voy a pasar seguido por acá
26 Noviembre 2005 at 10:10, vadinho dijo:
luzbelita: gracias y bienvenida
28 Noviembre 2005 at 16:37, silvia con pereza de registrar identidad blogger dijo:
qué buena la canción…
¿y? ¿enraizaron los arbolitos?
1 Julio 2008 at 20:07, fran dijo:
jeje! bueno amigo. yo tengo 15 fumo y maria. una vez, por retener tanto el humo me agarró takikardia y desde entonces no retengo tanto el humo. Bueno hay ke cuidarse. decile toda la verdad al médico y no te hagas el chistoso con él. fuera de joda : Bueno. agregame si keres al msn fran.-93@live.com.ar